¿A quién le importa lo que yo haga?

¿A quién le importa lo que yo diga?

¿Cuantas veces hacemos cosas pensando en el que dirán los demás?

¿Cuantas veces decimos lo que queremos que oigan los demás?

Es normal sentir esta influencia social sobre nuestro comportamiento aunque la verdadera cuestión es en qué medida nos condiciona.

Uno de los principales obstáculos para vivir una vida positiva es el olvido de que en nuestro interior hay una inmensa fuente de recursos internos. A causa de este olvido, buscamos la felicidad, el amor o la paz en el exterior. Entonces, quedamos a merced de los aspectos externos, ya sea de las  personas, las circunstancias o los ambientes y nos hacemos dependientes. Si lo externo va bien, nos sentimos bien. Si lo externo va mal, nos descolocamos y perdemos la estabilidad interior. Esta dependencia limita nuestra capacidad de elegir sobre lo que queremos en nuestra vida.

En la adolescencia es muy común tener esta actitud hacia los demás, tenemos más en cuenta la opinión de los demás que la nuestra para sentirnos aceptados y reconocidos por el grupo. Pero según maduramos y nos hacemos adultos esta actitud tendría que ir cambiando para transformarse en una actitud más personalizada y hacer y decir lo que consideramos más congruente con nuestra propia personalidad.


Influencia vs. Condicionamiento

Nos puede influir lo que nuestro entorno laboral, familiar y social opine sobre lo que hagamos o decimos. Eso es normal, somos seres sociales que queremos integrarnos en nuestro entorno. 


Lo que no es conveniente es que nuestro comportamiento esté condicionado por nuestro entorno laboral, familiar y social y que dejemos de ser nosotros mismos para ser lo que creemos que los demás quieren que seamos. 

Lo cierto es, que buscar constantemente la aprobación, te fuerza a perderte la belleza de ser simplemente tú mismo, con tus propias y únicas ideas y deseos. Si pasas por la vida sólo haciendo y siendo lo que crees que los demás esperan de ti, entonces, de alguna manera, dejas de vivir.


- Razones por las que no te debería importar lo que piensen los demás de ti:

1/ Si eres el centro de atención de 4 personas habrá 4 juicios distintos. Si eres el centro de atención de 2.000 personas habrá 2.000 juicios distintos. No hay un juicio único como se tiende a pensar. ¿Realmente te interesa saber qué es lo que estarán pensando de ti los 2.000? 


2/ Lo normal es que la gente que te rodea este más pendiente de sus propios pensamientos y preocupaciones que de prestarte atención a ti y a lo que dices. 


3/ Se juzga la acción, no a la persona. Pero no porque sea correcta o incorrecta, sino porque va en contra o a favor de las expectativas de la persona que juzga. 


4/Las reacciones negativas de la gente en ningún caso tienen poder para modificar nuestras emociones si nosotros no lo toleramos. Somos nosotros quienes tenemos el control último sobre nuestras emociones.


5/Un juicio negativo no significa que hayamos hecho algo mal, es más, muchas veces la gente reacciona negativamente aun haciendo las cosas correctas.


6/ Que la gente te juzgue mal ante un error tuyo no significa que te debas sentir culpable; ya que seguramente el que te critica cometa aun más errores que tu. Podemos responsabilizarnos de nuestros errores y asumir las consecuencias, aprendiendo de estos, sin tener que sentirnos mal.


7/ Todo el mundo fracasa en muchas cosas; sobretodo la gente que más éxito ha tenido ha sido la que más ha fracasado. Evitar el fracaso a los ojos de otros no es la solución para vivir feliz.


8/Los juicios de los demás no son una verdad absoluta, son solo interpretaciones personales en base a sus propias creencias.


9/ Las opiniones personales dicen más de quien las dice que de la persona a la que van dirigidas.


10/ Decide no ser la persona que la sociedad te exige, arriésgate a ser tu mismo.



Cuando mi vida giraba entorno a la opinión de los demás, me imaginaba a mi misma con unas cadenas, con las manos esposadas. Y las llaves estaban a merced de las personas de mi entorno (familia, pareja, hijos, jefes...)


Aceptada sí, pero libre.... no tanto.

 

 

 

 

 

 

 

 - ¿Qué puedes hacer para liberarte del que dirán los demás?

Aquí tienes 5 reglas que te pueden ayudar a vivir más libre y menos condicionado por el qué dirán los demás:

1. Respeto: Empieza por respetarte a ti mismo, a escucharte, a saber lo que quieres para no dejarte llevar por la inercia del entorno y lo que otros decidan. Cuando sabes lo que quieres es más fácil hacer y comunicar en esa dirección. Si tu te respetas, los demás te respetarán, te lo aseguro.

 

2. Piensa en Ti: Empieza a pensar en tus necesidades, en tus deseos y a ponerte en primer lugar. Esto no es egoísmo, Es cuidarte y quererte. Si no lo haces tú, ¿quien lo va a hacer?. Es más importante lo que pienses tú de ti, que lo que piensen los demás.

 

3. Iniciativa: Rompe la inercia y empieza a dirigirte hacia donde quieres ir. Toma decisiones alineadas con tus valores, con lo que quieres para tu vida.

 

4. Opiniones Constructivas:  Acepta las opiniones de los demás como algo constructivo, o en todo caso para escuchar lo que otros quieren decirte aceptando que otros opinan de forma diferente sin que influya en tu comportamiento, simplemente tomándolo como otro punto de vista. Que piensen diferente a ti no significa que no te acepten.

 

5. Responsabilidad: Tu eres el único responsable de lo que acontece en tu vida y cómo decides actuar ante los acontecimientos y opiniones de otros. El mando es tuyo ¿Quien quieres que dirija tu vida? ¿Tú o los demás?, tu vida es tu responsabilidad.

 

Cada día nos encontramos numerosos casos de clientes que no saben liderar su vida, que necesitan remodelar su mente para la prosperidad y aprender las mejores estrategias para obtener y hacer crecer su liderazgo.

 

Liderar tu vida es controlar tus pensamientos, gestionar tus emociones y responsabilizarte de tus acciones.

 

En la escuela no nos enseñaron a ser los líderes de nuestra vida y aunque no es fácil ponerlo en práctica, sí necesario para tener una vida plena, llena de éxito y bienestar.

 

Natalia Pastor