Padres-Alumnos-Maestros

El Maestro, el tercero en discordia

 

Se está hablando mucho en los círculos de educación sobre la baja calidad de la enseñanza y la preocupación que existe sobre la alta tasa que hay en España de abandono escolar temprano cercana al 25%, que supone que uno de cada cuatro alumnos no continúa su formación más allá de la etapa obligatoria o ni siquiera obtiene el título de Graduado en Educación Secundaria Obligatoria. Y por lo que respecta a resultados académicos, los alumnos españoles de 15 años obtuvieron en el estudio PISA 2012 resultados por debajo de la media de la OCDE.


Con estos datos sobre la mesa, el trío padres-alumnos-maestros comienza su batalla de echar la culpa al otro, los padres a los profesores, los alumnos a los profesores y el profesorado a los alumnos y a los padres. Y entonces comienza una frenética carrera por parte de los padres por conseguir que sus hijos, no queden rezagados y formen parte de la estadística que nos sitúa por debajo de la media europea. Y les mandamos a academias, al gabinete de orientación, al psicólogo a donde haga falta con tal de conseguir que llegue a la universidad.

 

El alumno por su parte, como un asno con orejeras, sin motivación alguna y probablemente con baja autoestima, obligado por sus padres acude una y mil veces donde se le dice, porque al final “con sangre la letra entra”.

 

Pero, qué pasa con el maestro, el tercero en discordia, quien se acuerda de él, nadie, porque es el culpable de todo, ¿no? Al fin y al cabo, es su profesión, para eso se le paga, para enseñar y si sus alumnos no aprenden, será que no está haciendo bien su labor.

 

Visto así, poco podemos hacer, ¿verdad? es más fácil que todo el peso recaiga sobre el maestro y padres y alumnos queden exculpados, inmaculados. Pero la realidad no es así, numerosos estudios demuestran que para que el sistema educativo funcione, todos los agentes educativos deben de estar implicados y todos deben aportar algo al sistema, al triángulo familia, alumnos y profesores. Un triángulo que debe ser amoroso y armonioso y no de discordia. Ya que todos tenemos un objetivo común, la educación de nuestros hijos, la formación de la sociedad del mañana.

 

Es necesario un esfuerzo por parte de todos, los padres deben confiar en el saber hacer del maestro, y transmitir a sus hijos el deseo de aprender, conocer, progresar, desarrollarse y crecer como personas. Los alumnos por su parte, tienen que aprender a pensar por sí mismos, a desarrollar un rol activo en el aula y a buscar soluciones ingeniosas a los desafíos y problemas, utilizando su creatividad y talento.

 

Y por su parte, el profesor de hoy, del s. XXI, tiene que impulsar programas académicos que involucren mucho más al estudiante, motivándolos, orientándolos y ayudándoles a descubrir sus talentos y desarrollando su potencial.

 

Natalia Morano